La salud a través del movimiento humano

Nuestros genes se formaron durante miles de años en un hábitat y en unas condiciones radicalmente diferentes a las actuales. Este fenómeno es conocido como “desajuste o discordancia evolutiva”. Nuestra biología no está adaptada al sedentarismo, a la comida procesada, al estrés crónico de bajo grado, etc.

Dos de las características del estilo de vida moderno son el déficit de movimiento crónico y el empobrecimiento de la variabilidad motriz. Estas dos dimensiones del sedentarismo, la cuantitativa y la cualitativa, nos afectan independientemente de si nos consideramos personas activas o inactivas: todos vivimos en esta especie de zoológico humano.

El estilo de vida sedentario está deteriorando nuestra salud física y mental a muchos niveles. Se trata de una circunstancia históricamente inédita que nos obliga a pasar por un proceso de rehabilitación que restablezca las condiciones de posibilidad de nuestra capacidad física.

Antes de encarar una actividad concreta debemos preguntarnos honestamente si nuestras articulaciones cumplen los requisitos previos de movilidad y de fuerza para llevarla a cabo de forma segura.

Independientemente de que tu objetivo particular sea vivir sin dolor, mejorar el rendimiento físico o la composición corporal, si piensas en la salud a largo plazo debes priorizar y mantener la libertad de movimiento de tus articulaciones.

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Soy Iván del Pino, coach de movimiento

Siempre fui extremadamente curioso. De niño practiqué artes marciales entre otras disciplinas deportivas, pero echaba de menos en ellas el componente de juego y de exploración que sí encontraba en la naturaleza.

Era un chico relativamente sociable, aunque disfrutaba muchísimo de la lectura, del dibujo o de la observación del mundo desde lo alto de los árboles. Esa mirada al mundo me llevó en la adolescencia a tratar de comprenderlo. Me gradué en Ciencias Políticas.

Al terminar la carrera me sentía cansado, estresado y no tenía buenos hábitos de vida. El foco externo había desplazado al foco interno. Lo intelectual había desplazado a lo físico-emocional. Y ese no es un lugar desde el que ayudar con honestidad.

Poco a poco a fui cambiando de hábitos: empecé a cuidar la alimentación, la higiene del sueño, a entrenar diariamente, a prestarle atención a la respiración y a disfrutar de nuevo el contacto con la naturaleza. A estudiar los fundamentos de la fisiología humana, la biomecánica, la anatomía, la nutrición y de la psicología.