Siempre fui extremadamente curioso.

De niño practiqué artes marciales entre otras disciplinas deportivas, pero echaba de menos en ellas el componente de juego y de exploración que sí encontraba en la naturaleza. Era relativamente sociable, aunque disfrutaba muchísimo de la lectura, del dibujo o de la observación del mundo desde lo alto de los árboles.

Esa mirada al mundo me llevó en la adolescencia a tratar de comprenderlo. Me gradué en Ciencias Políticas. Participé en los movimientos sociales que surgieron al calor de la crisis internacional de 2008. 

Al terminar la carrera me sentía cansado, estresado y no tenía buenos hábitos de vida. El foco externo había desplazado al foco interno. Lo intelectual había desplazado a lo físico-emocional. Y ese no es un lugar desde el que ayudar con honestidad.

Empecé a cuidar la alimentación, la higiene del sueño y a entrenar diariamente. A prestarle atención a la respiración y a disfrutar de nuevo el contacto con la naturaleza. A estudiar en profundidad los fundamentos de la fisiología humana, la biomecánica, la anatomía, la nutrición e incluso de la psicología.

Ahora quiero acompañarte en ese mismo viaje con la mejor herramienta que tenemos los seres humanos del mundo moderno para recuperar nuestra salud: el movimiento.

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