Fetichismo de la información en salud: un arma de doble filo

“Aunque solo fuera por eso, porque la ilusión del control absoluto es insostenible, hay que dejar espacio para lo salvaje”, Cózar Escalante, 2019.

En el campo de la salud, asistimos en los últimos años al auge de las tecnologías de biofeedback para monitorear en tiempo real algunas funciones fisiológicas como la actividad cardíaca, la respiración o el sueño. Eran conocidas desde hace décadas en el ámbito clínico y del rendimiento deportivo, pero la idea de que podrían cubrir una necesidad entre la población general es reciente. 

Bandas de frecuencia cardíaca, relojes inteligentes, pulseras de actividad, anillos que monitorizan el sueño y el estrés, aplicaciones móviles para la interpretación de los datos, etc. Al margen de lo útiles o inútiles que puedan parecernos, convendría que fuésemos capaces de identificar la tendencia general en la cual se inscriben estas tecnologías:

1) ¿En qué contexto surgen?

Surgen en un contexto de fetichismo de la información o del data. De forma general, hoy asociamos la disponibilidad casi infinita de información con la toma de mejores decisiones en el día a día. Esto no es necesariamente cierto ni en materia de salud ni en otros ámbitos.

2) Desplazan la experiencia somática, esto es, las señales que envía el cuerpo.

Escuchar lo que el cuerpo tiene que decirnos no tiene nada de esotérico, ha sido durante cientos de miles de años una herramienta determinante para la supervivencia. Decía el filósofo de la técnica Jacques Ellul que todo avance de la especialización se paga. Pues bien, las tecnologías de biofeedback no caen del cielo, sino que se inscriben en una tendencia general en la cual el ser humano sacrifica progresivamente su capacidad sensoperceptiva a cambio de información externa. Presencia a cambio de ausencia.

La fascinación por la tecnología nos impide a menudo valorar el biofeedback de nuestras “tecnología endógenas”. Los pies son un ejemplo de ello: poseen una compleja red de terminaciones nerviosas encargadas de coordinar de manera ágil información en tiempo real hacia y desde el pie.

¿Y qué hacemos con todo ese flujo de información? Cortarlo y falsearlo con el calzado moderno: rígido, separado del suelo y amortiguado.

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