La motricidad humana: ¡No somos máquinas!

Hemos heredado un tipo de motricidad caracterizada por la integración de tareas, por la resolución de problemas y por centrar el pensamiento en lo que ocurre en un entorno incierto. La mayoría de deportes modernos tratan de canalizar dicha motricidad reprimida, con estrategias simbólicas de puntería, conquista, caza individual o colectiva, etc…

En sentido contrario emerge en los años ochenta la cultura del fitness, llevando al campo de la cultura física el enfoque fragmentado dominante. El culturismo y el nutricionismo, cada uno en su ámbito, probablemente sean ejemplos paradigmáticos de la reducción del todo a la suma de las partes.

En la moderna industrial del fitness, esta perspectiva fragmentada del cuerpo humano plantea un problema práctico añadido: produce sujetos sin autonomía física, dependientes del mercado y de toda su gama de dispositivos complejos específicos “que se adaptan perfectamente a tus necesidades”.

En 1956, el filósofo polaco Günther Anders ya alertaba de nuestra propia cosificación al “adoptar los puntos de vista de los productos”:

“Con esta actitud, a saber, la vergüenza de no ser una cosa, el ser humano alcanza una nueva etapa. Intimidado por la superioridad y la potencia de los productos, ha desertado de su bando y se ha pasado al de ellos.

No solamente ha adoptado sus puntos de vista; no sólo ha ajustado sus propios criterios a los de los productos; sino también sus sentimientos: se desprecia a sí mismo como lo despreciarían las cosas si pudieran hacerlo”.

Günther Anders, “La obsolescencia del hombre, Volumen I: La vergüenza prometeica”, (1956).

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